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40 países editarán "La cena secreta" de Javier Sierra.
Uno de los mayores
éxitos internacionales de la literatura española.
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Robert Bauval |
¿Para
qué querrían los antiguos egipcios imitar sobre el suelo
la disposición de ciertas constelaciones del firmamento? ¿Existe
alguna explicación a esa especie de obsesión por reflejar
sobre el suelo aquello que veían en los cielos? Robert Bauval
–el célebre autor de El misterio de Orión–
se entrevistó en Cerdeña con Javier Sierra para aclarar
esas y otras cuestiones relacionadas con sus fascinantes teorías.
[1]
- [2]
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Sus Libros

El
misterio de Orión
(Emecé, 1995)
Una noche, paseando bajo el cielo estrellado de Egipto, Robert Bauval
tuvo una intuición genial. Fue mientras contemplaba la constelación
de Orión. Aquel "gigante" mitológico, contrapartida
estelar del dios egipcio Osiris, mostraba orgulloso su cinturón
de estrellas: las dos mayores estaban alineadas perfectamente, mientras
que la menor y tercera en disposición, aparecía ligeramente
desplazada a un lado... ¡Exactamente igual que las tres pirámides
de Giza contempladas desde el aire! Bauval creyó entender el
mensaje. Las estrellas le "decían" que los antiguos
egipcios imitaron en el suelo aquel rincón del firmamento nocturno,
considerándolo el "Duat", la puerta por la que las
almas ingresan en el más allá. Aquella intuición
estaba llamada a desvelar un torrente de misterios ancestrales...


Guardián
del Génesis
(Planeta/Seix Barral, 1997)
Después del descubrimiento efectuado en "El misterio de
Orión", Robert Bauval se preguntó si no sería
posible que otros monumentos de la meseta de Giza tuvieran orientaciones
astronómicas. Rápidamente se dio cuenta de que la Esfinge
miraba con precisión hacia el punto por el que nace el Sol en
los dos equinoccios del año. Es decir, aquel león de piedra
estaba orientado con pasmosa precisión hacia el Este geográfico.
Tras algunos cálculos oportunos, se atrevió a desvelar
algo increíble: las pirámides y la Esfinge señalaban
posiciones de Orión y del Sol tal y como estaban en torno al
10500 a.C. ¿Por qué? ¿Qué llevó a
los antiguos egipcios a marcar esa fecha en la meseta de Giza? ¿Acaso
era una manera de recordar el mítico "Zep Tepi" o "Primer
Tiempo" (el "Génesis") del que hablan sus cronologías
y en el que los dioses gobernaron el Nilo?
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Los
egipcios pensaban con el corazón
y sentían con el cerebro
 ocas
semanas antes de acabar 1999, Robert Bauval publicó
en Gran Bretaña su libro más osado. Internacionalmente
conocido por su teoría de que las grandes pirámides
de la meseta de Gizéh se levantaron para imitar el llamado
cinturón de la constelación de Orión,
su nueva obra, Secret Chamber (La cámara secreta),
trata de responder a la duda más obvia que plantea su teoría:
por qué. Para Bauval, las pirámides no se erigieron
sólo para imitar la "el Duat", la puerta al más
allá que los faraones situaban en Orión, si no que tras
ello se esconde una poderosa magia –"no de concejo
y chistera", puntualiza, "sino alquímica
y subliminal"– cuya influencia todavía se deja
sentir en nuestros días. Una magia que, si no fuera por la
meticulosidad con la que mide sus palabras al hablar de Egipto, muchos
interpretarían como diseñada en otro mundo.
El
piramidión del milenio
La cámara secreta se inicia con
una serie de reflexiones sobre lo que pudo significar la colocación
de una estructura cónica de dos toneladas sobre la cima de
la Gran Pirámide de Gizéh, el pasado 31 de diciembre.
Las autoridades egipcias pretendían conmemorar así la
entrada en el tercer milenio de la Era Cristiana (!), pero se encontraron
con una fuerte oposición islámica. Aquella pirámide
de oro con la que se quería celebrar la nochevieja recordaba
poderosamente el Sello de los Estados Unidos (el del billete de dólar)
y tenía una clara lectura masónica e incluso, aún
peor, criptojudía.
-En
realidad, no es nada de eso –se apresuró a aclararnos
Robert Bauval–. Sabemos que las pirámides se coronaban
con piezas así en la antigüedad, y su existencia ha sido
muy estudiada por los egiptólogos. De hecho, para algunos,
las pirámides eran meros pódiums para aquellas piezas
que recogían el alma del faraón y se la llevaban simbólicamente
al más allá.
-¿Tiene
eso alguna base?
-Los orígenes de esa piedra-vehículo
están relacionados, sin duda, con el Ben–Ben, una reliquia
secreta que se conservaba en la ciudad de Heliópolis, y que
los textos insinúan era de origen extraterrestre. Algunos dibujos
la muestran como una pirámide o cono y la vinculan al mito
del Fénix. Es el símbolo del nacimiento de la humanidad,
de la creación, y creemos, por cómo fue descrito, que
pudo tratarse de un meteorito.
-¿Y qué función cumplía?
-Servía a un complejo culto estelar. En el
piramidión de Amenemhat III, conservado en el Museo de El Cairo,
los jeroglíficos que aparecen sobre él hablan del espíritu
del rey marchando hacia Orión. Los llamados Textos de las Pirámides
describen ese espíritu como hecho de hierro. Sus huesos, dicen,
son de metal y su carne de oro. Si aceptamos que el Ben-Ben era un
meteorito, el mito podría entenderse así: sus huesos
de hierro son una metáfora de su estructura, mientras que la
carne de oro hace alusión al momento en que se enciende al
entrar en la atmósfera, y da una apariencia dorada.
-Entonces, ¿para qué se usaban
las pirámides?
-Yo creo que, en definitiva, eran "instrumentos
rituales" para convertir al faraón muerto en un ser espiritual.
Pero no se trata de tumbas. El piramidión que las coronaba
ayudaba a conectar al faraón con la materia de las estrellas
y a convertirse él mismo en una de ellas. Mi idea es que los
ritos que se practicaban en su interior duraban mucho tiempo. Y eso
lo aceptan incluso algunos egiptólogos, que suponen que se
extendían durante nueve meses, el plazo de gestación
de un humano. Eso puede verse en unas inscripciones de la princesa
Meresank, hija de Keops, en las que se lee que sus
funerales se extendieron durante 273 días, ¡nueve meses!
Probablemente, imaginaban que la momia era una especie de feto que
pasaba por todas sus fases de gestación antes de revivir. Además,
es fácil identificar ese tiempo con el movimiento de Sirio,
que nace en el solsticio de verano sobre el horizonte, y muere nueve
meses después, en el equinoccio de otoño. En esos meses
se alineaba con el eje norte-sur del cielo y con ciertos corredores
de la Gran Pirámide.
-Eso
es magia. Es querer canalizar la "fuerza" de ciertos fenómenos
de la naturaleza para fines específicos.
-Exacto. De hecho, el control de Sirio, el culto
al Ben-Ben, el símbolo del piramidión colocado sobre
la Gran Pirámide... Todo eso forma parte de una gama de poderosos
mensajes iconográficos, como los que hoy emplea la publicidad,
y que los antiguos egipcios promovieron. En nuestros días hacemos
tal o cual cosa, compramos tal o cual producto, gracias a mensajes
cifrados en la publicidad. Los símbolos del pasado eran los
"spots" de entonces y condicionaban el comportamiento de
nuestros antepasados. No obstante, el diseño de esos símbolos
creo que los hace funcionar todavía hoy.
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