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40 países editarán "La cena secreta" de Javier Sierra.
Uno de los mayores
éxitos internacionales de la literatura española.
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Javier Sierra |
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Graham Hancock |
Llegó de
Malta, pasó unos días en Canarias en junio de 2000, marchó
rumbo a Londres para volar hasta Japón después y regresar,
menos de un mes más tarde, a tierras españolas para completar
sus investigaciones sobre restos de una antigua civilización
perdida en Menorca, Cádiz, Huelva, Sevilla y Málaga. Javier
Sierra le acompañó de cerca hasta su regreso a Japón.
Ese es Graham Hancock, un escritor de fama internacional que está
dispuesto a encontrar como sea su Santo Grial: las evidencias de una
cultura que precedió a Sumer o Egipto y que desarrolló
una religión astronómica cuyas huellas están diseminadas
por doquier. Lo que cree, lo cuenta por primera vez en estas páginas.
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Sus Libros

Símbolo
y Señal
(Planeta, 1993)
Es su opera prima en la investigación de anomalías
históricas y una excelente muestra del talante investigador de
este autor escocés. Después de pasar varios años
en Etiopía como corresponsal de prensa, se encontró con
la leyenda de que el Arca de la Alianza se escondía en una iglesia
llama Santa María de Sión, en el centro de la ciudad sagrada
de Aksum. Hancock decidió confirmar la verosimilitud de aquella
tradición y descubrió cosas sorprendentes. Entre ellas
un ancestral texto etíope, el "Kebra Negest", que narra
los amoríos de Salomón y la Reina de Saba y cómo
el hijo natural de ambos decidió robar a su padre el Arca. Para
el "Kebra Negest", la Reina de Saba era etíope, por
lo que aquel hijo, Menelik, decidió esconder el fruto de su hurto
en territorio materno. Hancock descubre la ruta que siguió el
Arca hasta Aksum, determinó que fue venerada largo tiempo en
Elefantina (Egipto) y esbozó el papel que jugaron los templarios
y maestros constructores de catedrales al conocer esa odisea en el siglo
XII y reflejarla en el pórtico norte de Chartres. Tan fascinante
es este ensayo, que ha inspirado incluso novelas de autores como Nicholas
Wilcox ("La trilogía templaria").


Las
huellas de los dioses
(Ediciones B, 1998)
Indiscutible bestseller de Graham Hancock, traducido
en casi todos los países del mundo, este libro supone la avanzadilla
de un nuevo género editorial que combina la investigación
rigurosa de acontecimientos del pasado con la catalogación de
sus innumerables misterios. En "Las huellas de los dioses"
se parte del misterio del mapa de Piri Reis para saltar a un análisis
concienzudo de los enigmas de Perú, Bolivia, México y
Egipto. En todos encuentra trazas de cultos relacionados con el "más
allá" cargados de importantes conocimientos astronómicos,
y se pregunta si debió existir o no una civilización madre
de la que bebieron todos aquellos pueblos y que hoy ha desaparecido.
Hancock menciona, como hiciera Umberto Eco, el asunto de la "lengua
informática" de los Aymaras que Javier Sierra investigaría
"in situ" en Bolivia, localizando a quienes llevan años
trabajando con ella. Pero, sobre todo, aporta datos clave para comprender
la "numerología" de los antiguos y cómo ésta
estuvo vinculada a sus estudios astronómicos y al conocimiento
de fenómenos como la precesión de los equinoccios.
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[1] - [2]
- [3] - [4]
Un
"Indiana Jones" en busca de la Atlántida
 teven
Spielberg no hubiera podido caracterizarlo mejor. Escocés,
cincuenta y un años recién cumplidos, licenciado en
sociología por la Universidad de Durham y antiguo corresponsal
en África para publicaciones tan prestigiosas como The
Guardian o The Economist, Graham Hancock es, sin duda,
el prototipo perfecto del verdadero "Indiana Jones".
Pero
hay otro punto en el que convergen ambos personajes. Los dos –tanto
en la ficción como en la realidad– buscaron obsesivamente el
Arca de la Alianza. Uno, el personaje de Spielberg, la localizó
en Tanis, al norte de Egipto, en un foso lleno de serpientes. Otro,
a contracorriente, logró justificar históricamente su
presencia en Etiopía y rescató del olvido los abundantes
cultos de la ciudad sagrada de Aksum que aún le rinden culto
en la iglesia de Santa María de Sión.
Aquella
investigación le afectó de tal modo que después
de publicar su libro Símbolo y señal (Planeta,
1993), abandonó el periodismo "convencional" y se
embarcó en la búsqueda de civilizaciones perdidas.
Las huellas de los dioses (Ediciones B, 1998) y Guardián
del Génesis (Planeta, 1997) surgieron como fruto de aquella
repentina e intensa pasión.
-Para
mí –confiesa hoy– fue una progresión muy lógica,
porque cuando terminé de investigar el misterio del Arca de
la Alianza y la afirmación etíope de que ellos poseían
esa reliquia, se abrió el camino a otros misterios de los que
no me había dado cuenta antes. Como la posibilidad de que existiera
una civilización muy avanzada en tiempos prehistóricos,
que desapareció tras un gran cataclismo.
-¿Se
convenció entonces de que el Arca era un objeto tecnológico?
-Bueno...
Empecé a entender el Arca como el resultado de alguna clase
de conocimiento elevado. Un saber que no era propio del periodo en
el que fue construida esta reliquia. Y comencé a cuestionarme
si aquel objeto no sería el resultado de una herencia anterior.
Todo llegó como consecuencia de aquella deducción. Para
seguir la historia del Arca tuve que ir a Egipto, porque fue donde
todo comenzó con Moisés y el Éxodo. Y tuve que
examinar el contexto en el que surgió Egipto, percatándome
de que hay muchas cosas allí que son inexplicables.
-Y
no sólo las pirámides, claro.
-En
absoluto. Aunque las pirámides de Giza son el "misterio
de todos los misterios", por tratarse no sólo de un prodigio
de ingeniería sino de unos monumentos espirituales que testimonian
una religión poderosa y de gran sofisticación, allí
había mucho más. En Egipto, buscando pruebas del Arca,
me di cuenta de lo poco que sabemos del pasado de la civilización
humana. Todas las grandes culturas de la historia emergieron casi
a la vez –Sumer, el Valle del Indo, China, Egipto...–, entre
el tercer y el segundo milenio antes de Cristo. Y da la impresión
de que no hubo pasado con anterioridad a ese súbito nacimiento.
Es como si se nos hubiera ocurrido de repente la idea de crear grandes
civilizaciones, y eso no tenía sentido alguno para mí.
Pensé que debía haber una explicación.
-Y
decidió buscarla...
-Las
similitudes entre estas supuestamente aisladas culturas, el nivel
de sofisticación de sus ideas, los extraordinarios trabajos
de arte y arquitectura que produjeron, ¡tuvieron que ser el
resultado de un largo desarrollo! No pudo ser algo instantáneo,
como creen los historiadores. Y sé muy bien que no hay rastro
de ese desarrollo en los registros históricos, lo que no me
impidió pensar en la existencia de una civilización
perdida muy anterior a éstas. Esta cuestión se convirtió
en un misterio que me poseyó y me urgió a investigarlo.
Así nació Las huellas de los dioses.
Tecnología
para el espíritu
Con
Hancock me reuní por primera vez en la isla de Tenerife. La
excusa era perfecta. En Güímar, dentro del complejo de
pirámides que hoy protege un parque etnográfico auspiciado
por el navegante y aventurero noruego Thor Heyerdahl, iba a tener
lugar un acontecimiento cósmico singular. Situados bajo el
mayor de los muros del conjunto piramidal, íbamos a presenciar
cómo el Sol durante el solsticio de verano se ocultaría
justo frente a nosotros, dejándose caer tras unos riscos muy
pronunciados. Los astrofísicos que descubrieron esta alineación
en 1991 se quedaron estupefactos al comprobar que una vez puesto el
Sol tras el borde meridional de la Caldera de Pedro Gil, una muesca
en los farallones permitía verlo de nuevo por unos instantes,
provocando un "segundo ocaso".
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