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Javier Sierra
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Antonio Ribera
El
24 de septiembre de 2001, en una residencia geriátrica de La
Garriga (Barcelona), fallecía el "padre" de la
investigación OVNI en España. Antonio Ribera, escritor,
humanista, pionero del submarinismo y "curioso universal",
emprendía su viaje más largo después de dejarnos
una treintena de títulos fundamentales sobre los No Identificados.
Su influencia en quienes investigan y escriben sobre lo heterodoxo
es impagable. Javier Sierra, su "nieto ufológico"
–como a él le gustaba llamarle– describe en estas líneas
el alcance de su obra y personalidad.
Operación Rapa Nui
(Pmaire 1975 y Plaza & Janés 1989)
Curiosidades
Secuestrados
por extraterrestres (ver. Siria)
La censura siria de Antonio Ribera
En 1988 Antonio Ribera consiguió uno de
los grandes hitos de su "cruzada" por divulgar el enigma de
los OVNIs. Su amigo Khaled Hamso, de Siria, tradujo y publicó
en árabe su obra "Secuestrados por extraterrestres".
Fue una apuesta arriesgada: el mundo árabe no tiene una visión
definida sobre este enigma, y aunque algunos países más
aperturistas como Egipto sí lo mencionan ocasionalmente en sus
periódicos, en el resto de la comunidad árabe el debate
sobre los OVNIs no existe. Antonio siempre comentó divertido
cómo la rígida moral islámica llevó a su
traductor a censurar una de las imágenes del libro: la que corresponde
a la reconstrucción de un encuentro del Tercer Tipo entre un
brasileño llamado Antonio Villas Boas y una presunta alienígena,
en el estado de Minas Gerais, en 1957. Hamso decidió curarse
en salud y ocultar tras un púdico bañador el trasero de
la hermosa visitante que imaginara en México un dibujante de
la revista "Duda".
Por desgracia, aquella autocensura sirvió de poco a Hamso. Los
tres tomos de "Secuestrados por extraterrestres" fueron literalmente
abducidos de las librerías por culpa de los sectores culturales
integristas de su país.
José Mª Ibáñez El delfín y la estrella. Vida
de Antonio Ribera. Tot Editorial, Barcelona, 1995.
Versión
Imprimible Click en
la imagen
Libros
fundamentales de Antonio Ribera
No Ficción
•
El triángulo de las
Bermudas. Monografía “Espacio
y Tiempo”, Madrid, 1993.
• Contactados y abducidos.
Ed. Contrastes, Madrid, 1995.
• Abducción.
Ediciones del Bronce, Barcelona, 1998.
• Cartas de tres herejes. Corona Borealis, Madrid,
1999.
• La dimensión
perdida. Corona Borealis, Madrid, 2001.
Ficción
•
Ellos. Edhasa,
Barcelona, 1959.
• Los comandos de la
humanidad. Edhasa, Barcelona, 1961.
• Fin. Ed.
Cenit, Barcelona, 1963.
• El documento.
Planeta, Barcelona, 1984.
• Mutatis, mutandis.
Juan Granica, Barcelona, 1986.
• El dia dels mutants.
Barcanova, Barcelona, 1992.
Antes
que MÁS ALLÁ
En efecto. En noviembre de 1968 –hace ahora
treinta y tres años–, salía a la luz el primer
número de Horizonte. Su aventura duró poco
más de un año, pero aquella publicación supuso
un punto de inflexión en el mercado español. Por primera
vez una publicación de tirada masiva se ocupaba de "hechos
malditos" como la parapsicología, el esoterismo, las civilizaciones
desaparecidas y, naturalmente, los OVNIs.
Aquellos
años del pop fueron los más fértiles
de Ribera. En esa época publicó sus grandes "clásicos":
El gran enigma de los platillos volantes, Un caso perfecto
o Platillos volantes en Iberoamérica y España.
El primero, la "biblia" de los OVNIs para la "segunda
generación" de ufólogos que entonces comenzaba
a despuntar, se convirtió en un clásico en su género.
El segundo, en cambio, pronto se reveló como la monografía
ufológica más polémica de finales de los años
sesenta. Recogía, gracias a la inestimable ayuda de su colaborador
Rafael Farriols, todos los detalles de una observación OVNI
controvertida, que tuvo lugar a las afueras de Madrid el 1 de junio
de 1967. Esa tarde, junto a los castillos del San José de Valderás,
en Alcorcón, un objeto discoidal con un extraño símbolo
en la panza, se dejó ver y fotografiar por varios testigos.
En realidad, aquello fue más que un caso OVNI. Su aparición
había sido anunciada días antes en una tertulia de café,
en Madrid, a un grupo de interesados en los "platillos volantes".
Y aunque Ribera y Farriols omitieron cuidadosamente ese detalle y
las sospechosas cartas de unos presuntos extraterrestres que daban
cuenta de la llegada de aquella nave, con los años el asunto
se convirtió en prioritario para Antonio. Ésa fue su
investigación más arriesgada: su intento por demostrar
que un supuesto colectivo de extraterrestres se había infiltrado
en nuestra sociedad y que, durante años, había estado
enviando cartas e informes a un nutrido colectivo de españoles.
Sus remitentes
se identificaron como "humanos procedentes del astro frío
Ummo", y pese a que la veracidad de tales afirmaciones siempre
sembró dudas, Antonio defendió la credibilidad del caso
contra viento y marea. No en vano, los "ummitas", sin ser
citados como tales, ya habían ocupado páginas enteras
en la prensa nacional en tiempos de Franco. Su osadía llegó
al punto de iniciar correspondencia con un cura sevillano, el párroco
de Mairena del Alcor Enrique López Guerrero, quien denunció
los hechos al diario ABC allá por 1968. Pero, sin duda, fueron
los libros y artículos de Antonio Ribera los que convirtieron
Ummo en el asunto ufológico español por excelencia durante
años...
En aquello
lejanos años sesenta, con Antonio como el único ufólogo
profesional del momento, llegarían también las
primeras traducciones a otros idiomas –principalmente francés
e italiano–, y los proyectos de grandes viajes.
Nada de
aquello le pilló desprevenido. Ni siquiera su acariciada idea
de alcanzar la Isla de Pascua, en Chile, con objeto de explorar sus
costas con equipos submarinos. Antonio cumplió ese sueño
en 1975, justo después de vender a la editorial Pomaire su
proyecto de libro Operación Rapa-Nui. De hecho, Antonio
se adelantó en esto al mismísimo Jacques Cousteau –al
que tradujo todas sus obras al castellano– localizando los restos
de varios moais (las misteriosas estatuas pascuences) sumergidas a
pocos metros de la costa. Y es que Antonio, hombre pluridisciplinar
y de mentalidad renacentista, también hizo carrera en el mar.
Fundó una de las primeras asociaciones de submarinistas de
España (el CRIS, Centro de Recuperación e Investigaciones
Submarinas), y redactó libros clásicos sobre la
pesca subacuática –que jamás practicó–
y el "arte" del buceo.
Y por si
todo esto fuera poco, fue traductor. Vertió al castellano,
entre decenas de otras obras, 2001: Odisea del espacio de
Arthur C. Clarke. En cierto modo, fue una premonición. No en
vano, el inolvidable Antonio aguardó a que el calendario marcara
esos dígitos antes de emprender su propio viaje a las estrellas.
Él, como quien esto escribe, compartía con los faraones
su creencia más profunda: que al expirar, nuestra alma asciende
hasta convertirse en un nuevo lucero en el firmamento.
Por
eso ahí arriba, desde septiembre de 2001, una estrella más
ilumina nuestras noches.