El
geólogo que conmocionó la Egiptología

obert
Schoch, geólogo y profesor asociado de Ciencia y Matemáticas
en el College of General Studies de la Universidad de Boston,
fue "reclutado" en 1989 para un trabajo muy especial. Robert
Eddy, docente de Retórica de su misma Universidad, le presentó
a un curioso personaje, John Anthony West, que se presentó
como "escritor y egiptólogo independiente". Poco
pudo suponer Schoch aquella primavera de 1989 que su vida, por culpa
de aquel parlanchín con aspecto de aventurero que acababa de
conocer, iba a cambiar tanto.
West
le mostró algunas imágenes del deterioro que sufría
el pecho de la Esfinge de Giza y le invitó a analizarlas con
cautela. Debía olvidar momentáneamente que se trataba
de uno de los monumentos arqueológicos más importantes
del mundo, y evaluar su estado de conservación. Aquellas estrías
horizontales, de bordes suaves y surcos profundos, le recordaron a
la erosión que una corriente continua de agua causaría
sobre la caliza... Pero en Egipto, en el 2500 a.C. que es cuando se
cree que se esculpió aquel león de piedra, no llovía
lo suficiente para hacerle esas heridas.
Y ahí nació su interés.
Viajó aquel verano a El Cairo para contemplar la Esfinge con
sus propios ojos. Regresó en abril de 1991 con los permisos
necesarios para acceder al foso donde reposa este titán, y
junto al sismólogo Thomas Dobecki quiso completar su trabajo.
Fue en octubre de 1991, mientras un antiguo oficial forense de la
policía de Nueva York comparaba el rostro de la Esfinge con
el de Kefrén descartando que fueran de la misma persona, cuando
Schoch presentó sus conclusiones en la reunión anual
de la Sociedad Geológica Americana.
Acababa de nacer un... ¿hereje? ¿Un sabio? ¿O
sólo un científico perspicaz?
Durante los días
8 y 9 de junio de 2002, pude al fin conversar cara a cara con Robert
Schoch en la pequeña República de San Marino. Nuestro
geólogo había cruzado el Atlántico para asistir
al Tercer Simposio Mundial sobre los Orígenes Perdidos
de la Civilización celebrado en aquel marco, y presentó
ante un numeroso público sus conclusiones de más de
una década de trabajo sobre ese y otros misterios de la antigüedad.
De hecho, horas antes de embarcarme para realizar esta entrevista,
la editorial Oberon me hacía llegar un ejemplar de la obra
de Schoch, Escrito en las rocas, recién traducida
al castellano.
El
león del desierto
-En Escrito en las Rocas, usted
formula una nueva teoría sobre la Esfinge. Dice que fue construida
en dos secuencias: primero fue esculpida en la roca pero no terminada,
y luego se remató en tiempos de Kefrén...
-No es tanto que no fuera terminada. Creo que sufrió
varias modificaciones y remodelaciones con el tiempo. Mi opinión
es que la primera Esfinge, la que llamo la "protoesfinge",
sólo constaba del torso, las patas delanteras y una cabeza
bien diferente de la que tenemos hoy. Mi hipótesis es que aquella
"protoesfinge" se hizo para que pareciera que salía
de la roca, esto es, estaba integrada en la montaña original
y emergía de ella como Abu Simbel o el Templo de Hatsepsut.
Fue esta "protoesfinge" la que se erosionó por las
grandes precipitaciones de esa época que, calculo, debió
ser en el 5000 a.C. o quizá anterior.
-¿Y
cuándo se terminó de esculpir?
-En tiempos del Imperio Antiguo fue readaptada por
egipcios dinásticos. Reesculpieron la cabeza, aunque no sé
cuando ocurrió eso exactamente; puede que en la IV Dinastía.
La cabeza original tuvo que ser mucho más grande, pero no sabemos
si fue humana o de león. Pero se rehizo como una cabeza dinástica,
mucho más pequeña en relación a su cuerpo.
Lo que inventaron para el cuerpo, que estaba entonces muy erosionado,
fue colocar bloques de caliza para restaurarla. Y entonces, desde
la espalda, optaron por separarla de la roca primitiva, completando
su tallado. En un momento determinado, la liberaron de la piedra.
De hecho, hay una zona en la espalda que, con seguridad, fue esculpida
más tarde que las demás. Así pues, y en resumen,
hay áreas del monumento que se esculpieron en un pasado muy
remoto, que luego se modificaron sistemáticamente en tiempos
dinásticos del Imperio Antiguo, llegando incluso a ser reparada
por segunda vez en el Imperio Nuevo.
-¿Entonces, está de acuerdo con la teoría
de que tuvo una cabeza leonina originalmente?
-Esa idea me gusta. El león era, en tiempos
antiguos, una imagen muy común empleada por los egipcios. Sí.
Podría haber tenido cabeza de león, pero no hay ninguna
evidencia definitiva que lo demuestre, ya que toda la cabeza fue reesculpida,
y todo eso es pura especulación...