Lunes, 07 febrero a las 19:51:47
Polémicas, detractores, millones de ejemplares vendidos, escritores que se lucran con libros sobre la novela, rutas turísticas... El fenómeno de 'El Código Da Vinci' es eso y más.
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DIARIO VASCO
7 de Febrero de 2005
http://servicios.diariovasco.com/pg050110/prensa/noticias/Cultura/200501/10/DVA-CUL-043.html
Todo hito genera leyendas y El Código Da Vinci, guste o no, se ha convertido en uno. Al menos en el apartado económico: desde que se publicó en España, la novela de Dan Brown ha vendido más de 1,3 millones de ejemplares en castellano y cerca de nueve millones en todo el mundo. La leyenda asociada al libro cuenta que el manuscrito fue rechazado en España por varias editoriales -el fenómeno todavía no se había consumado en Estados Unidos- hasta que Umbriel adquirió los derechos y pasó a formar parte de la primera división de editoriales españolas, la misma en la que hace años entró Salamandra con el exitoso Harry Potter. Puede que ni el mismo Brown sospechara la ingente cantidad de dinero, polémicas y detractores que el libro le iba a acarrear como tampoco podría imaginar que El Código iba a convertirse en guía turística de cabecera para cientos de peregrinos que visitan París, Londres o Edimburgo. Éstos acuden a las ciudades con un ojo puesto en la torre Eiffel, el Big Ben o el Castillo, mientras el otro busca significaciones ocultas -y ficticias- en la pirámide Invertida, la iglesia del Temple o la capilla de Rosslyn, respectivamente.
París es, desde hace meses, epicentro de peregrinaje de fieles a la novela de Dan Brown. Aunque repleta de atractivos turísticos propios que avalan los más de diez millones de visitantes que recibe al año, la Ciudad de la Luz goza de una increíble capacidad para reinventarse cada pocos años gracias a una obra de ficción. Fue en el filme Casablanca donde se acuñó la manidísima sentencia «Siempre nos quedará París» que hoy en día parece un talismán para cualquier creador que sitúe una trama a orillas del Sena. Apenas han pasado tres años desde que el filme Amélie generara un éxodo de visitantes hacia modestos comercios del Montmartre menos turístico. Contra todo pronóstico, el Tabac des Deux Moulins o la verdulería-frutería Au Marché de La Butte se convirtieron en monumentos de un París irreal, el de la película, y la historia ha acabado repitiendose con el París misterioso, tramposo y lleno de incógnitas de la novela de Dan Brown. Es en París donde arranca la historia con el asesinato de Saunière y es allí donde se suceden algunos de los hechos más trascendentales de la trama, aunque las urbes anglosajonas antes mentadas también cuentan con una porción del ansiado pastel del Código.
Pero ha sido en la Ciudad de la Luz donde se han roto los moldes del fetichismo viajero. El interés de algunos turistas por pisar los lugares citados en la novela ha sido tal que, incluso, varias agencias de rutas guiadas han creado programas de visitas basados única y exclusivamente en el libro de Brown. La pionera fue París Muse que no hizo sino adaptar su oferta a la demanda de algunos turistas que querían saber 'algo más' de ciertos lugares de la ciudad citados en la novela superventas. En la actualidad, la agencia ofrece un tour de dos horas y media por los alrededores y el interior del museo del Louvre a un precio que a muchos se le puede antojar excesivo -95 euros- pero que, sin embargo, ha conseguido llamar la atención de público y medios de comunicación. La iniciativa no ha tardado en ser reproducida en otras agencias turísticas de París así como en algunas de Londres, como en el caso de la empresa Off To London que desde hace unos meses ofrece la posibilidad de realizar recorridos temáticos por la ciudad del Támesis con el best seller de Dan Brown como única brújula. Este tipo de golosinas turísticas no son ajenas a la capital británica: ya en la década de los años noventa era posible realizar rutas temáticas basadas en los asesinatos de Jack el Destripador y, más recientemente, en las aventuras del rentable mago infantil Harry Potter.
En París, en cambio, no son pocos los turistas que, Código Da Vinci en mano, se lanzan a recorrer por libre la calle Richelieu y la Galería de Valois junto al Palacio Real en busca de los medallones de bronce que, antaño, señalaron el meridiano cero a su paso por París. Las iniciales N y S, y la inscripción Aragó son las señas de identidad de estos distintivos que conducen directamente hasta el Museo del Louvre, epicentro simbólico de la hipotética ruta Da Vinci por la capital de Francia. Allí se encuentra la Pirámide de Cristal de Pei (que no cuenta con 666 cristales como afirma el bromista Brown sino con 648 ó 684, según el criterio que se utilice al calcularlo), la Pirámide invertida, la siempre concurrida Gran Galería y, por supuesto, la Mona Lisa y la Virgen de las Rocas, los dos cuadros de Leonardo Da Vinci que se han convertido en emblemas artísticos del libro.
'Daños' colaterales
Pero la novela de Brown ha tenido otros efectos colaterales que poco o nada han tenido que ver con negocios boyantes. En la iglesia de Saint Sulpice, el segundo templo más grande de la ciudad sito en el sexto arrondissement, el padre Paul Romanet se ha visto obligado a habilitar una 'capilla informativa' en un rincón del transepto norte. Este emplazamiento no es, en absoluto, casual. Allí se encuentra el obelisco de diez metros de altura y la tira de latón del gnomon de Saint Sulpice, un instrumento que antaño sirvió para calcular los solsticios y equinoccios en función de la altura del sol. Todo aquel que se acerca al lugar no tarda en descubrir varias fotocopias de artículos periodísticos -uno de ellos lleva el título Los pobres secretos del Código Da Vinci-, gráficos que explican el funcionamiento del instrumento astronómico y un texto enmarcado que, en francés e inglés, explica la naturaleza del gnomon -«creado en el siglo XVIII con la autorización de las autoridades eclesiásticas»- y aborda de forma sutil algunas de las apreciaciones hechas por Brown en su novela. «Contrariamente a lo que afirma un best seller reciente, la línea de latón no es un vestigio de un templo pagano. Ningún templo de esas características existió aquí con anterioridad y ésta nunca recibió el nombre de la línea rosa (...) Ninguna idea mística puede derivarse de este instrumento astronómico salvo el conocimiento de que Dios es creador y maestro del tiempo», reza.
Las paredes de Saint Sulpice han visto cómo en los últimos meses el flujo de visitantes ha aumentado, algo poco habitual para un templo poco dado a estridencias turísticas. La sombra de la iglesia de Saint Germain y Notre Dame es alargada y no es raro que esta iglesia de fachada inconclusa ni tan siquiera aparezca en algunas guías. Las visitas a Saint Sulpice han traído consigo una ola de desconocimiento y de teorías ficticias que algunos lectores de El Código han querido interpretar como reales, de ahí el interés del párroco en desmentir que, anteriormente, hubo en esos terrenos un templo consagrado a Isis, tal y como afirma Brown en la página 114.
Todas estas polémicas deberían ser estériles, sobre todo si se tiene en cuenta que El Código Da Vinci es, ante todo, una novela, una ficción, un relato irreal que toma elementos de la realidad, los deforma, juega con ellos y los adapta a las necesidades del argumento. El conflicto surge cuando el libro se abre en la página 11 con la sentencia: «Todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces», con lo cual la duda está sembrada: ¿Es el autor estadounidense un bromista compulsivo?
Dicen que Dan Brown se ríe, y mucho, de todo el polémico circo que se ha levantado en torno a su exitosa novela. Puede que sea cuestión de meses que su primer libro con Robert Langdon como protagonista, Ángeles y Demonios, sea para Roma lo que El Código ha significado para París: una guía turística apresurada para lectores que quieran visitar la capital italiana bajo la atractiva óptica de un thriller religioso. En España todavía está pendiente la publicación de sus libros anteriores Deception Point -cuya acción arranca en la Plaza de Espana (sic) de Sevilla- y Digital Fortress, amén de un poemario de título Matter que pasó sin pena ni gloria por las estanterías de las librerías estadounidenses en el año 1996.
El escritor apenas concede entrevistas y utiliza su página web como visible escaparate de todo lo que le concierne a él y a sus libros. Allí es donde desvela alguno de los vericuetos por los que transcurrirá su siguiente novela, una nueva entrega de las aventuras de Robert Langdon que tendrá a Washington como escenario natural y girará en torno a la «historia oculta de la capital». Se prevé que el best seller vea la luz en el verano de este año. Por esas fechas ya se habrá iniciado el rodaje de la película basada en El Código Da Vinci lo que garantizará -y extenderá más, si cabe- los amores y odios por la obra de Dan Brown. De momento, la baraja de actores y técnicos asegura el taquillazo: Ron Howard (Una mente maravillosa, Apolo 13...) en la dirección y Tom Hanks en el papel protagonista.
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