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Memorial español de Benavides (1630)

Memorial español de Benavides (1630)
Edición española original del Memorial de Fray Alonso Benavides en el que se menciona por primera vez las milagrosas conversiones de la Dama Azul en Nuevo México. Editado por la Imprenta Real de Felipe IV.

Memorial francés de Benavides (1631)

Memorial francés de Benavides (1631)
Los franciscanos se apresuraron a traducir al francés el informe de Benavides, imprimiendo en Bruselas esta edición. Ese año, en abril, Benavides visitaba el convento de Ágreda para entrevistarse con sor María Jesús, identificándola con la Dama Azul de la que oyó hablar en América.

Carta de Benavides (1631)

Carta de Benavides (1631)
Tras la entrevista que mantuvo Benavides con la monja de Ágreda en abril de 1631, éste escribió a los misioneros de Nuevo México una carta explicándoles quién era la Dama Azul de la que hablaban los indios. Este opúsculo impreso en 1730 recoge el documento y lo titula "Tanto que se sacó de una carta que el P. Fr. Alonso de Benavides, custodio que fue de Nuevo México, envió a los religiosos de la Santa Custodia de la Conversión de San Pablo de dicho Reino, desde Madrid, el año de 1631".

Memorial latino de Benavides (1634)

Memorial latino de Benavides (1634)
La fama que adquirió el extraño informe de Benavides sobre las milagrosas conversiones de indios en Nuevo México fue traducido al latín en Bruselas por Jean Gravendonc, sin duda desde la versión francesa del informe.

 
Sor María de Jesús Coronel y Arana (1602-1665)
Ágreda, Soria (España)

[1] - [2] - [3]

La verdadera historia de "La dama azul"

"...Treinta y ocho años después (1631), la Santa Inquisición detendría a la monja María Jesús de Ágreda, quien afirmaba haber hecho más de quinientos viajes al Nuevo Mundo para evangelizar a los paganos. Que se supiese, la monja jamás abandonó el convento en –al menos– los once años anteriores. Sin embargo, cuando unos misioneros llegaron hasta los indios jumanos de Nuevo México para cristianizarles, éstos ya conocían la fe católica. A Alonzo de Benavides, su misionero, le confesaron que había sido una monja que coincidía con la descripción de sor Ágreda la que les había evangelizado..."


Javier Sierra junto a una "Dama Azul"   14 de abril de 1991
unca pensé que el Destino –ése sobre el que Sófocles escribió que "guía a quien de grado le sigue"– me obligaría algún día a rectificar así mis errores. Y las líneas anteriores, redactadas presurosamente e incluidas al final de un reportaje que publiqué en febrero de 1991 en la revista Año Cero, los contienen... y de bulto1 - Javier Sierra, "Teletransportados: Cuando desaparece el espacio-tiempo", revista Año Cero, nº 7, Madrid, febrero de 1991.. Me explico. Cuando a finales de 1990 tropecé con los primeros datos sobre la sorprendente monja española sor María Jesús de Ágreda, éstos procedían de una revista popular mexicana que omitía los más elementales datos históricos sobre esta peculiar mujer del siglo XVII. No daba cuenta, por poner un ejemplo, del lugar de origen de aquella religiosa cristiana a la que se le atribuían quinientos viajes a América utilizando el extraño "don" de la bilocación. Tampoco contenía una referencia precisa del convento donde residió ni, en consecuencia, cualquier "pista" que facilitara su posterior ubicación.

   Pese a todo, y contrariamente al sentido crítico que suele presidir mis trabajos, me dejé arrastrar por aquel indocumentado texto. Extraje de él los pocos datos que parecían verosímiles y los incluí en aquel reportaje en el que desmenuzaba mis investigaciones "de campo" en el resbaladizo terreno de los casos de teleportaciones. Es decir, incidentes vividos por personas que aseguran haberse trasladado instantánea e inexplicablemente de un punto a otro de la geografía del planeta, ignorando cómo o por quién fueron arrebatados. En cualquier caso mi espontánea decisión de citar el "caso Ágreda" en mi trabajo para Año Cero perseguía un buen fin: dotar de contexto histórico un fenómeno frecuentemente considerado sólo desde una óptica contemporánea e ignorando sus profundas raíces ancladas en la noche de los tiempos.

   Pero al airear aquel equívoco texto2 - La información mexicana que consulté no podía ser más equívoca. El tribunal inquisitorial de Logroño, encargado de la investigación del "caso Ágreda", jamás detuvo a sor María Jesús. Sin embargo sí condujo dos minuciosos interrogatorios en 1635 y 1650, en los cuales la monja dio buena cuenta de lo que creyó haber visto en Nuevo México, antes y durante la llegada de los misioneros franciscanos del padre Benavides. En cuanto a mi afirmación de que "la monja jamás abandonó el convento en –al menos– los once años anteriores", también se trata de otro error de bulto. Once años antes de 1631, es decir en 1620, sor María Jesús comenzó a tener sus bilocaciones, que se extendieron por espacio de tres años. Contaba por aquel entonces dieciocho años, habiendo ingresado en clausura a los dieciséis sin haber abandonado el convento en ese periodo en ninguna ocasión. Mi afirmación, pues, carecía de sentido. No obstante 1631 sí es un año importante para este caso, ya que en el mes de mayo el padre Benavides se entrevista por primera vez con esta monja, identificándola definitivamente como la verdadera "dama azul" cuyos relatos había oído en América en boca de los indios., que reproduzco al principio de este trabajo, calculé mal los riesgos. Hice caso omiso de la acertada sentencia del escritor y ensayista suizo Henri Frédéric Amiel que afirma que "un error es tan peligroso cuanto mayor es la cantidad de verdad que contiene", y –sin pretenderlo en absoluto– acabé envuelto en la verdadera, aunque increíble, historia de sor María Jesús de Ágreda.

Árbol genealógico de Sor María de Jesús   Un oportuno "error"
   Y me explico de nuevo. Tan sólo dos meses después de la publicación de mi desencaminada alusión a esta portentosa monja española, me embarqué en otra investigación bien distinta: la localización y análisis de copias en tela de la sábana santa de Turín que llegaron a España entre los siglos XVI y XVII. Esta vez se trataba de un trabajo que terminaría viendo la luz en las páginas de la revista Más Allá y que me obligaba, en suma, a "aparcar", quizá para siempre, las extrañas aventuras de la hermana Ágreda.

   Pues bien, mientras deambulaba por la logroñesa Sierra de Cameros en compañía de Txema Carrasco –bilbaíno buen conocedor de aquellos abruptos pagos– buscando uno de aquellos curiosos lienzos3 - Para quien pueda interesarle esa otra investigación, un resumen de la misma se publicó en abril de 1993 en la revista Más Allá, nº 50, con el título "Sábana Santa: la auténtica y las copias"., un impredecible error al interpretar el mapa de carreteras nos condujo, también "por equivocación", a las puertas de una villa soriana cuyo nombre me paralizó. Mi cuaderno de bitácora no puede ser más explícito al respecto: "14 de abril de 1991; 10,40 horas. Llegada a Ágreda".

   Durante unos instantes permanecí absorto frente al letrero que nos advertía que entrábamos en el término municipal de Ágreda. Finalmente comprendí. El Destino –ése "guía" al que aludía líneas atrás– se había encaprichado en desviarme de mi ruta, colocándome frente a un sendero que, un par de meses antes, había pisado fortuitamente para mal citarlo en uno de mis escritos. No sabía el por qué de aquel oscuro movimiento, aunque –si he de ser completamente sincero– algo comencé intuir aquella fría mañana de abril. Al fin y al cabo, semejante golpe de "suerte" me iba a ayudar a interpretar la única "clave" para desenmarañar el caso de la monja bilocada que contenía mi información mexicana: su nombre... sor María Jesús ¡de Ágreda!
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