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Nueve hombres clave

Roscoe Hillenkoeter
Almirante
Roscoe Hillenkoeter

Fue el fundador de la Central Intelligence Agency (CIA) en 1947, y su primer director hasta 1950. Durante la II Guerra Mundial trabajó activamente para los servicios de inteligencia de su país y, desde que comen zara a hablarse de «platillos volantes» mostró un desmesurado interés por éstos. En 1957 es nombrado vicepresidente del NICAP, la primera organización ufológica civil norteamericana, uno de cuyos objetivos era –paradójicamente– acusar a las Fuerzas Aéreas de ocultar la verdad sobre los OVNIS. Curiosamente el NICAP nunca denunció el asunto de los OVNIs estrellados...

Dr. Detlev Wulf Bronk
Dr. Detlev Wulf Bronk

Fue el sexto presidente de la prestigiosa Universidad John Hopkins y uno de los fisiólogos y biólogos más respetados de los años 50 en EE UU. Su nombre aparece vinculado al caso Roswell tanto en la filmación de «Jack Barnett» como en los probablemente espúreos documentos Majestic-12 o MI-12. Y no en vano. Bronk estuvo asociado con agencias gubernamentales desde 1942, en especial con el Comité de Medicina de la Fuerza Aérea, lo que le convierte en el candidato ideal para llevar a cabo autopsias como las de Roswell. Además, en junio de 1947 trabajó en el Comité de Asesoramiento Científico de los laboratorios militares de Brookhaven, destinados oficialmente a «investigaciones atómicas», con el doctor Edward U. Condon, nombrado en los años 60 responsable del famoso comité de la Universidad de Colorado pagado por la USAF para desprestigiar el tema OVNI.

Clemens Macmullen
General
Clemens Macmullen

Su nombre ha salido a relucir con fuerza a raíz de la aparición de la película de las autopsias. Hasta entonces lo único que sabíamos de él es que, bajo sus órdenes, fueron trasladados parte de los restos del OVNI de Roswell hasta Washington. Él era el superior del general de brigada Roger Ramey –quien ordenó cubrir el caso con la historia del globo sonda– y del coronel William Blanchard, el oficial de Roswell que destapó accidentalmente la noticia del OVNI. Trabajó como comandante en jefe del Comando Aéreo Estratégico (SAC) y es probable que él inventase la historia del globo meteorológico para despistar a la prensa.

 
Primeros de Julio de 1947
Roswell, Nuevo México (EE.UU.)

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USAF ntre julio de 1947 y julio de 1994 la Fuerza Aérea de los Estados Unidos mantuvo un mutismo absoluto alrededor del "caso Roswell", uno de los incidentes OVNI más complejos que se recuerdan. De esta manera, las autoridades evitaron pronunciarse sobre la eventual recuperación de los restos de un platillo volante siniestrado en uno de los abundantes parajes desérticos de Nuevo México. En 1994 esa actitud cambió, y la USAF optó por tratar de explicar el caso como la caída de un globo experimental de alto secreto. Javier Sierra dedicó su primer libro a este misterio, encuestando testigos, revisando material gubernamental y sacando sus propias conclusiones. Este artículo suyo resume parcialmente la cuestión.

   El llamado "caso Roswell" es, sin duda, el incidente OVNI más trascendente de la historia de este enigma. Tuvo lugar a primeros de julio de 1947, cuando en un rancho próximo a Corona y distante unos 70 kilómetros de Roswell, en Nuevo México (EE.UU.), William MacBrazel encuentra unos restos extraños esparcidos por su finca. Se trataba de una caótica colección de fragmentos metálicos que cubrían más de un kilómetro Restos del  OVNIcuadrado de terreno, de aspecto bizarro, metalizados y algunos cubiertos de una especie de indescifrables "jeroglíficos". ¿A qué clase de ingenio pertenecían aquellos restos? ¿A un avión experimental que había sufrido un accidente en el desierto? ¿A un globo? ¿...O a otra cosa?

   Pocos días más tarde, oficiales de inteligencia de la base aérea de Roswell inspeccionaron el lugar y tomaron abundantes muestras de aquellos fragmentos. McBrazel no recibió ninguna explicación al misterio, y se le ordenó guardar silencio. Finalmente, el 8 de julio de 1947, en la edición de tarde del Roswell Daily Record, se publicó una nota de la oficina de prensa de la base militar de la ciudad en la que se afirmaba que la Fuerza Aérea "captura un platillo volante en un rancho de la región". Aquel titular sensacionalista fue, sin embargo, desmentido horas después siguiendo órdenes de Washington, y pronto se enterró oficialmente todo el asunto. Esto, no obstante, no impidió que surgieran rumores sobre un segundo lugar de impacto donde otros testigos aseguraron que los militares recogieron fragmentos mayores de una nave espacial así como los pequeños cuerpos de sus tripulantes. Había nacido uno de los rumores más intensos, contradictorios y extraños del siglo XX...
   Pero déjeme el lector que le sitúe mejor.

 

Javier Sierra en el Federal Building   Federal Building, Nueva York.
   30 de Enero de 1996.

   Nunca es tarde para estas cosas.
   Con cierto despiste, el investigador neoyorquino Manuel Fernández, el periodista Enrique de Vicente y yo deambulamos unos minutos por el hall de la sede del FBI en Nueva York en busca de una de las 23 "librerías oficiales" que el Gobierno de los Estados Unidos tiene distribuidas por todo el país. Cuando finalmente dimos con ella, el trámite fue fácil: a cambio de 52 dólares, el dependiente puso en nuestras manos un libro de aproximadamente 1.000 páginas, recién publicado por la Fuerza Aérea norteamericana, y titulado El informe Roswell: realidad contra ficción en el desierto de Nuevo México. Se trataba –al menos en esa fecha– de la última palabra de los militares sobre el caso Roswell y la eventual recogida de restos pertenecientes al accidente de un platillo volante relativamente cerca de la frontera mexicana.

   Una vez examinado, aquella especie de enorme listín telefónico nos condujo a una equívoca conclusión: que probablemente fue la caída de un globo experimental secreto lo que desató la noticia de que los militares de la base aérea de Roswell habían recuperado los restos de un OVNI en el verano de 1947. Sus argumentos, aunque abundantemente respaldados por un buen número de cartas, croquis, mapas, gráficos y fotos de época, no eran nuevos. De hecho, recalcaban las conclusiones que ya en julio de 1994 había elaborado Richard Weaver, un coronel de la Air Force Office of Special Investigations (AFOSI), en un escueto informe de apenas 32 páginas, fruto de una repentina e inexplicable prisa en la Fuerza Aérea por esclarecer de una vez por todas un episodio que entonces estaba a punto de cumplir medio siglo de vida.

 

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