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Lo que tanto el texto de Weaver como el nuevo Informe Roswell
argumentaban era que los restos de aquel "OVNI" eran, en
realidad, fragmentos del vuelo nº 4 del Proyecto Mogul. Fue este,
al parecer, un programa ultrasecreto auspiciado por la Universidad
de Nueva York bajo la coordinación del doctor Charles Moore,
que pretendía situar micrófonos de alta sensibilidad
en las capas altas de la atmósfera gracias a sencillos globos
de sondeo meteorológico. ¿Su intención?: comprobar
si era posible detectar ondas procedentes de eventuales pruebas nucleares
soviéticas en Siberia. Es decir, lo secreto nunca fue el material
utilizado en aquellas pruebas, sino el propósito último
de los lanzamientos de los globos. A fin de cuentas, la razón
de la cautela militar era más que evidente: en 1947 se suponía
que sólo Estados Unidos –y más concretamente la
base de Roswell– poseía armas atómicas; la sola
posibilidad de que los rusos pudieran haber desarrollado esa misma
tecnología amenazaba con transformar el equilibrio político
del momento creado tras el final de la II Guerra Mundial. Como así
sucedería poco más tarde.
Dos
globos perdidos... y un OVNI
Según la Fuerza Aérea, el Proyecto Mogul
realizó once lanzamientos de globos entre Mayo y Julio de 1947
en Nuevo México. Se trataba de globos sonda convencionales
a los que se les unía una larga "cola" de reflectores
de radar parecidos a cometas, hechos de papel de aluminio y madera
de balsa fijada con cinta adhesiva. Pues bien, de acuerdo con la información
suministrada por la USAF, sólo dos de aquellos once vuelos
cayeron en paradero desconocido y nunca fueron recuperados. Se trataba
de los globos números 3 y 4, lanzados los días 29 de
mayo y 4 de junio de 1947 respectivamente.
¿Podría
corresponder uno de aquellos aerostatos a los restos que encontrara
en el rancho Foster el granjero William MacBrazel? Sobre esta suposición
orbita hoy toda la autodefensa de la Fuerza Aérea. Una suposición
frágil si tenemos en cuenta que entre la fecha del último
vuelo citado y el inicio del caso Roswell media casi exactamente un
mes y que –según confesara el propio doctor Moore a la
USAF– difícilmente los restos de aquellos globos podían
resistir durante mucho tiempo bajo el sol del desierto sin que aparecieran
escamas en el neopreno primero, y quedaran reducidos a un montón
de cenizas pocos días después.
Y eso
no es todo: el hombre que recogió los primeros restos del OVNI
de Roswell, el granjero MacBrazel, no encontró la etiqueta
adhesiva que siempre acompañaba esta clase de artilugios y
que ofrecía una sustanciosa recompensa a aquel que devolviera
los restos del globo a las autoridades. MacBrazel no sólo no
cobró nunca esa recompensa, sino que incluso permaneció
detenido por militares de la base de Roswell entre el 9 y el 15 de
julio de aquel lejano 1947. Éstos no sólo le mantuvieron
alejado de sus tierras (y del OVNI) durante seis días, sino
que incluso le obligaron a cambiar sus primeras declaraciones con
la intención de echar tierra al asunto.
El papel de la prensa
El "secuestro" de MacBrazel tenía una
poderosa razón de ser. Su hallazgo fue prematuramente divulgado
por el oficial de relaciones públicas de la base, el teniente
Walter Haut, en un comunicado de prensa en el que se aseguraba que
los militares habían tomado por fin posesión de un platillo
volante. En 1991 entrevisté a Haut en su casa de Roswell, y
él mismo me aclaró la película de los hechos.
Según este teniente, una oportuna llamada desde Washington,
del general Clemens MacMullen al general de brigada Roger Ramey en
Dallas (y superior jerárquico de la base de Roswell), ordenó
silenciar el asunto y construir la tapadera informativa que explicara
que todo había sido una lamentable confusión. Que lo
recuperado en Roswell eran, en realidad, los restos de un sencillo
globo sonda.
De hecho,
el propio general de brigada Ramey, para disipar cualquier sombra
de duda entre los periodistas, ordenó que un B-29 llevara hasta
su Cuartel General fragmentos del "OVNI" que poder mostrar
en una rueda de prensa y que demostraban su tesis. Asombrosamente
nadie le formuló entonces la pregunta clave: ¿cómo
había sido posible que los restos de un evidente globo sonda
como el que mostró Ramey en Dallas hubieran podido confundir
de semejante forma a los bien entrenados hombres del Servicio de Inteligencia
militar de la base de Roswell?
El asunto,
desde luego, no terminó ahí. Minutos después,
oficiales bajo las órdenes de Ramey telefoneaban al FBI para
aclarar esta situación, dando pie, poco después, a un
télex federal en el que se explicaba que lo recuperado en Nuevo
México había sido "un globo meteorológico
con un reflector de radar", y en el que se informaba de que éste
estaba siendo transportado "por un avión especial a la
base de Wright Field para su examen".