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Javier Sierra
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Las Catedrales Virgo
Catedral de l'Epine
Charpentier
no deja muy claro en su obra, si la estrella Alfa Virginis –también
conocida como Spica o La Espiga– se corresponde
con Reims o con el tempñlo de Notre Dame de l'Epine, algunos
kilómetros más al sureste. Simbólicamente no es
un asunto superfluo, ya que la espiga es el símbolo clave de
la imagen de Virgo, e iconográficamente se relaciona con el mito
egipcio de Isis y Osiris. A fin de cuentas, fue esta última divinidad
la que enseñó a los hombres los secretos de la agricultura
y les dio los cimientos de la moderna civilización.
Catedral de Ruán
Aunque es
otra catedral "Notre-Dame" y Charpentier la sitúa ligeramente
al margen del "rombo de Virgo", ésta debería
ocupar el lugar de la estrella 1352 del catálogo
de esa constelación, justo entre Bayeaux (Vendimiatrix) y Amiens
(Zeta Virginis). Posee una cripta del siglo XI, lo que demuestra que
fue, junto a las otras Notre-Dames, levantada sobre una iglesia precedente.
Esta
última expansión coincide, curiosamente, con algunos
de los privilegios que se conceden a la Orden, cuando una bula papal
de 1163 conocida como Omne Datum Optimun, otorga a los templarios
la capacidad de conservar íntegros los botines capturados a
los sarracenos, les exime de pagar el diezmo por sus propiedades aunque
podrán recibirlo de otros, les facilita tener sus propios capellanes
–impidiendo que nadie externo a la Orden controlara sus movimientos–
y les permite incluso construir sus propias capillas e iglesias. De
hecho, no en vano algunos historiadores creen que tras la financiación
y diseño de las primeras catedrales góticas se encontraban
los templarios. Sólo así se explica la aparición
de una técnica constructiva con elementos tan innovadores –a
la vez que arabizados– como el arco ojival, o la inclusión
de complejos cálculos matemáticos y físicos en
la ejecución de unas obras en piedra que parecían desafiar
a la gravedad.
Pero,
de ser cosa de los templarios, ¿de dónde obtuvieron
los conocimientos necesarios para ese nuevo modelo de arquitectura?
Más
que una novela Ahí
justo es donde entra la investigación histórica que
realicé para la redacción de "Las puertas templarias".
Mi hipótesis es que, si los templarios accedieron a la reliquia
del Arca y a su contenido, fue en ésta donde descubrieron la
información necesaria para acometer esa empresa.
No
es mi intención desvelar demasiado la trama implícita
en mi novela "de investigación" –así
me gusta llamarla–, pero ya aventuro que las Tablas de la Ley
no son las primeras piedras inscritas que entrega una antigua divinidad
a los humanos. Mucho antes de que Moisés recibiera en el Sinaí
tan valioso documento, el dios de la sabiduría egipcio Toth
entregó a los hombres unos textos –las "tablas esmeralda"–
en los que se contenían "todos los secretos del cielo
y la tierra". Imhotep, el arquitecto que construyó la
primera pirámide durante el reinado del faraón Zoser
de la III Dinastía, recibió los planos de su edificio
en una de esas tablas. Es más, la idea de las mismas se helenizó
con la llegada de los faraones ptolemáicos al país del
Nilo, convirtiendo a Toth en Hermes Trismegisto, y acuñando
el mito del saber inscrito en piedra de forma tan profunda que hasta
el Renacimiento llegarán los buscadores de esas "tablas
esmeralda".
No
es, por tanto, demasiado osado establecer una relación entre
las piedras de Toth y las tablas de Moisés, sobre todo si pensamos
que éste último, si hemos de creer lo que dice la Biblia,
fue príncipe de Egipto. Además, de esa forma se explicarían
las conexiones arquitectónicas, de proporciones matemáticas
y hasta de distribución que existen entre algunos templos del
Antiguo Egipto y las catedrales de los templarios.
Tanto en el tímpano principal de la basílica
de la Magdalena de Vézelay (s. XII) como en el "Libro
de los Muertos" egipcio redactado hacia el 1500 a.C. se contiene
una escena idéntica: un ángel –o un dios–
pesa el alma del difunto y valora si merece la vida eterna o la condena
a ser devorado por un monstruo. ¿Cómo es posible semejante
coincidencia iconográfica?
Es
cierto que mi investigación en este terreno, en la que he invertido
los últimos tres años y más de doscientos mil
kilómetros por Europa y norte de África, no ha hecho
más que empezar. Sin embargo ya ha arrojado sus primeros resultados.
La existencia de un "saber religioso" nacido en Egipto y
adoptado por los constructores de catedrales se demuestra en los paralelismos
existentes entre ciertas imágenes del "Libro de los Muertos"
y la estatuaria de los tímpanos de algunos de estos recintos
cristianos. En Vézelay o en la catedral de Notre Dame de París,
pueden verse en sus tímpanos principales una escena del llamado
"Juicio Final" en la que un ángel pesa el alma de
los difuntos y decide si condenarlos a ser engullidos por un monstruo
con cabeza de cocodrilo o enviarlos al descanso eterno. Pues bien,
el "Libro de los Muertos" egipcio –un texto de más
de 5.000 años de antigüedad– describe cómo
el dios Anubis pesa el alma del faraón en una balanza y decide
si salvarlo o condenarlo a ser devorado por una criatura con cabeza
de cocodrilo y cuerpo de león. ¿Casualidad? ¿Una
improbable coincidencia de conceptos barajada por artistas de tiempos
y estilos bien distantes? ¿O tal vez fruto de una transmisión
de conocimiento del que los templarios fueron sus últimos depositarios?
Yo,
desde luego, me inclino por esto último. ¿Y usted?